miércoles, 14 de noviembre de 2018

Mis árboles preferidos (1): el Vallea stipularis

The World's Best Photos FlickrHiveMind (https://hiveminer.com/Tags/stipularis)
Plantas de Colombia (https://plantasdecolombia.com/)













El gaque o raque (Vallea stipularis) es un arbolito muy agraciado, como diría la gente bogotana de antes. Se supone que llega máximo a quince metros, aunque eso no me consta porque los viejos de mi lote tienen máximo cinco. Las hojas son de forma acorazonada, de un verde brillante que se vuelve anaranjado antes de morir, y la flor es muy delicada y de un bello rosado. Una vez al año pierden sus hojas y al iniciar la florescencia se envuelven en una nube rosada. Sus flores atraen abejas y pájaros como los colibríes y los carboneros. Cuando están en flor y uno pasa cerca o se para entre las ramas, puede estar presente con el zumbido de muchas abejas, algo que me encanta. ¡Y no solo la flor es linda! Los manojitos de frutos que traen las semillas son bellos, como se ve en la foto a la derecha.

Son nativos que se adaptan bien a suelos ricos y pobres. Es adorable alguien que siendo muy lindo es poco exigente, ¿o no? En la primera sequía dura que me tocó en la finca, coincidió la floración con las primeras lloviznas escasas y yo no podía creer semejante agradecimiento. Ahora sé que van a florecer una vez al año, pero desde ese momento mágico adoré los nativos por su resistencia y al gaque por su hermosura.

No tengo una buena foto del raque, de manera que todas las fotos hoy son prestadas de otros sitios. Además, los invito a ir a este link para que vean una cantidad de buenas fotos de este lindo árbol:
https://www.inaturalist.org/taxa/465262-Vallea-stipularis/browse_photos


lunes, 29 de enero de 2018

¡En busca de un espíritu ligero!


En el 2016 inicié este blog con mi amiga María Claudia. Con mucho entusiasmo trabajamos la idea, la concretamos en Blogger y nos embarcamos en esta tarea. Fue muy emocionante al principio, pero terminó convirtiéndose en una carga muy pesada para mis hombros viejos. No solo debía tener la disciplina para publicar mis entradas con la periodicidad que yo misma me había impuesto, sino una especie de “ligereza de espíritu” para arrojar algo al ciberespacio y que no me importara lo que le pasara. Terminé dando tumbos y sintiendo que era una pérdida de tiempo escribir a un público que uno no sabe quién es o, peor aún, que no existe.
¡Hay muchos blogueros que hablan sobre las dificultades para ayudar a personas como yo! Hay blogs que exponen 5 razones, otros 7 o 10, y dan obviamente consejos para superarlos. Pero, más allá del nicho, el estilo, la difusión en redes sociales o qué se yo, pensé que mi remedio era aligerar mi ego… quitarle esa carga: ¡quiero escribir por escribir, sin reparos o condiciones… que no me importe si nadie lo lee!
Aquí estoy, entonces, insistiendo. ¿Por qué lo hago? En estos días que he visto tantos cerezos llenos de frutas negras, sentí lo mismo que me llevo a abrirlo: la necesidad de compartir lo que veo y siento cuando recorro Bogotá o sus alrededores. Porque quiero que alguien lea y le den ganas de compartir lo que ve y siente, lo que yo no he visto… Porque quiero que alguien no cometa los errores tontos que yo cometí en mi tierrita. Porque María Claudia tiene cantidades de fotos, como la que acompaña esta entrada que es de su jardín, y algunas deben ver la luz en el blog (¡creo yo!). Porque estoy buscando mi propia voz y creo que la única manera en que la voy a encontrar es escribiendo una y otra vez… ¡La voz llegará con el espíritu ligero!






jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Ponerle alimento a las aves?

En muchas fincas de tierra caliente les ponen a los pájaros una bandeja de fruta madura temprano en la mañana. Uno ve así azulejos, canaritos, toches, pechirrojos… En otros sitios ponen bebedores de agua azucarada a los colibríes. Esto le brinda a uno la oportunidad de ver de muy cerca estos lindos pajaritos lindos.

¿Necesita un animal salvaje que lo alimentemos? Por un lado, ellos saben cuidarse a sí mismos y comen lo que es benéfico para ellos. Por el otro, a veces las condiciones de espacios empobrecidos no permiten sostener de manera adecuada a los animales que habitan en ellos o que llegan en sus migraciones. De manera que ¡qué bueno echarles una mano!

Una vez compré un bebedero para colibríes, ¡pero fue un fracaso! Si lo limpiaba y le ponía agua azucarada en el fin de semana, al volver al cabo de una semana o más, el agua estaba sucia o se había secado. ¡Un buen amigo me regañó! Me dijo que iba a volver diabéticos a los pobres colibríes. Yo le creí y quedé compungida...

Sin embargo, recientemente conocí un par de sitios maravillosos. En Jardín Encantado se pueden observar muchos colibríes y otros pájaros de clima templado, y en Observatorio de Colibríes hay una variedad grande de especies de colibríes de tierra fría. Quedé descrestada por la dedicación de sus dueñas a estos pájaros. Es fascinante ver a los pájaros de cerca o sentir a los colibríes volar junto a uno, y para los observadores de aves y los naturalistas que estudian estas especies son sitios importantes. Los enlaces a estos sitios son:



Foto tomada por mi esposo en el Observatorio de Colibríes



En esta foto preciosa, tomada de hablemosdeaves.com vemos un lindo azulejo, pájaro de zonas calientes y templadas que ya ha llegado a nuestra ciudad, ¡alimentándose de una fruta dejada por una mano amiga!

Si se ve tentado a ponerle frutas a ciertos pájaros o un bebedero de agua azucarada a los colibríes, aquí hay unos tips:

Primero, ¡ármese de constancia y paciencia! Primero los pájaros deberán acostumbrarse a usted –más difícil con los colibríes que con otras especies–y luego, con el tiempo, se volverán dependientes. Si hay alimento fácil, es factible que vuelen de lejos y se asienten cerca de su predio y que luego haya más crías. Si los vuelve dependientes no puede abandonarlos de la noche a la mañana.

Segundo, la higiene es esencial. No es bueno darles fruta dañada o dejar el agua azucarada tanto tiempo que se fermente o, peor aún, que se contamine, ya que esto es peligroso para los pájaros.

Tercero, piense en otras formas de ayudarlos a largo plazo. Si quiere tener, por ejemplo, colibríes o chupaflores en Bogotá o la Sabana es muy bueno sembrar abutilones (Abutilon insigne de las Malváceas), mermeladas (Streptosolen jamesonii), tominejeros (Palicourea linealiflora), espinos (Duranta mutisii L. f.). Esas mismas matas les gustan a los carboneros. Los árboles y arbustos siempre sirven, ya sea por sus frutos o porque sirven como perchas o para anidar. Hay otros pajaritos que necesitan insectos de diferente tipo. Luego, es importante propiciar que haya muchos insectos en el jardín. Estos son plagas cuando hay demasiados de una sola especie, pero en un jardín debe haber un balance y todos son bienvenidos. No solo debe haber de todo un poco, sino debe haber, como dice mi vecino, ¡para todos!


jueves, 2 de noviembre de 2017

El primer paso: conocer bien el terreno



En una entrada anterior (31/07/16) sobre mi jardín, anuncié que iba a tratar con mayor profundidad algunos temas. Arranco con el sitio en el que vamos a sembrar, el componente básico de cualquier jardín.

Si queremos tener o tenemos un jardín, sea este en un balcón, pequeño lotecito en la parte de adelante o de atrás de la casa, o en una finca, el componente inicial es el sitio. El primer ejercicio que uno debería hacer (y que yo desafortunadamente nunca hice…) es conocer ese sitio muy bien. En países de la zona templada la gente experta inicia un jardín preguntándose por la orientación, en el sentido de la posición del sitio con respecto a un punto cardinal. Esta dirección determina la exposición al sol, en cantidad y calidad, que tendrá el sitio a lo largo del año. En esas latitudes, un jardín mirando al sur obtiene mucha más luz que los que miran al norte y, por tanto, son más calientes y menos húmedos.Nosotros, en la zona tropical, no sufrimos variaciones grandes en cantidad de sol y no nos importa mucho. Pero eso no quiere decir que no debamos mirar con ojo crítico y apreciativo nuestro sitio: por dónde sale y se pone el sol, dónde da el sol de la mañana, dónde hay y dónde no hay mucho sol, qué zonas están abiertas y expuestas al viento, dónde hay mayor humedad en la tierra son todas preguntas que uno debería poder responder antes de tomar decisiones que no puedan echarse luego para atrás.

Cuando yo compré mi lote, el bosque nativo típico de la zona había sido tumbado hacía varios años y el lote se usaba para sembrar papa, de manera que no había ninguna construcción y la vegetación era poca. Los pocos árboles eran nativos y estaban casi todos en la cerca. Decidí dónde hacer la casa y poner la huerta por razones prácticas, y en la construcción de la casa no hubo ninguna reflexión sobre a qué debía llegarle el sol de la mañana y a qué el sol de la tarde. La única regla general que definí era que no íbamos a tocar ningún árbol y la casa tuvo que ser acomodada para no dañar un viejo uvo (Cavendishia cordifolia (H. B. K.)) que considero el arbolito más valioso de mi finca. A veces me he dicho: “si solo hubiera pensado…” Pero, la verdad, no sabía. Fue un inglés, muy amigo mío, quien me dijo la primera vez que fue que habíamos metido la pata con la casa.Así como no tuvimos en cuenta lo esencial para la casa tampoco tuvimos ningún criterio especial para decidir dónde poner la huerta. El sitio en el que está es soleado y amplio, pero tal vez no sea la mejor tierra del lote. Esas son decisiones que no pueden echarse para atrás y uno termina, para consolarse, encontrándole algunas ventajas con el tiempo.

Cuando empecé a sembrar matas de jardín, empecé a mirar el sol y entender cuánto daba a cada jardinera o a otras matas, y a cuáles les tocaba por la mañana (más suave) y a cuáles por la tarde. También empecé a proteger la huerta del viento y las heladas sembrando arbustos.

Ahora ya sé dónde estoy, conozco mejor el terreno e inclusive, un día llevé una brújula y ahora tengo marcada en una baldosa la rosa de los vientos.

Si el jardín está en una casa o es el balcón, este primer paso sigue siendo muy importante. La construcción va a ocasionar sombras y partes más húmedas, de manera que no todo el espacio tendrá sol y habrá zonas más protegidas del viento. Bueno es tomarse un tiempo, conocer lo que tenemos y no tomar decisiones malas como las mías.  

lunes, 24 de octubre de 2016

Clasificaciones de las plantas en el jardín

En esta entrada voy a mencionar un par de clasificaciones de las plantas que son muy útiles para tener en cuenta en el jardín.

Árboles y arbustos

Los botánicos no se preocupan por distinguir entre árboles y arbustos ya que para ellos ambos son plantas leñosas, es decir plantas perennes con tallos que contienen madera. Muchas de estas plantas van formando nuevas capas en el tronco cada año, aumentando su diámetro.

En cambio, para los horticultores y jardineros esta es una distinción importante, aunque no hay definiciones claras. Un arbusto es claramente más pequeño que un árbol (yo los he llamado arbolitos en otras entradas) pero no hay una altura o un grosor del tallo definidos como un límite que sea aceptado por todo el mundo. Asimismo, se dice que el arbusto suele tener troncos múltiples, pero en ocasiones esto se debe más a la especie o al cultivar.

Esta distinción es importante porque uno debe saber bien cuáles son las características de la planta, en términos de su altura, grosor, tipo de tallo (unitario o múltiple) antes de sembrarla en el jardín. Yo, por ejemplo, debo ser muy cuidadosa con los árboles porque mi lote es bastante pequeño y si tengo muchos con alturas de diez o más metros, en quince años todo el espacio estaría bajo la sombra. Entonces, tengo pocos árboles y he sido muy cuidadosa al seleccionarlos y escogerles el sitio, pero si he sembrado mucho arbusto de hasta cuatro o cinco metros. Esos son más fáciles, entre otras cosas, porque puede verlos ya maduros en relativamente menos tiempo.

Plantas perennes, anuales y bienales

Hay otra distinción interesante: si una mata es perenne o no. Las perennes son aquellas que viven más de dos años, porque hay matas que son anuales y las hay bienales.

Estas distinciones son muy claras en los países donde hay estaciones (zona templada a diferencia de la nuestra que es la tropical), donde una planta anual germina, crece, da flor y fruto y deja sus semillas antes de morir al llegar el frío duro del otoño y del invierno. Una bienal tiene su ciclo completo en dos años. En países con estaciones, en el primer año germinan y crecen, pero solo completan su ciclo en el segundo año, después de permanecer dormidas o inactivas durante el invierno.

Podemos ver un ejemplo de un ciclo, con los sembrados de maíz o los de alverja aquí en la Sabana. El maíz actualmente toma ocho meses porque las semillas son “mejoradas” ya que antes tomaba un año. La alverja toma menos de cuatro meses y uno ve el proceso que es muy lindo, en los campos cercanos a Bogotáe.
En términos de flores de jardín, muchas de las plantas que conocemos aquí en Colombia son perennes. Ejemplos bogotanos son las begonias (Begoniáceas), las dalias (Asteráceas), las astromelias (Alstromeriáceas), los geranios (Geraniáceas) y el diente de león. No doy los nombres científicos porque salvo la última planta (Taraxacum officinale), en los demás casos uno se refiere con el nombre a especies variadas provenientes de la familia mencionada en paréntesis.

Hay unas cuantas anuales muy bonitas y fáciles de cultivar en el jardín: la cosmos (Cosmos bipinnatus, que es una Asterácea originaria de México), el raso (Eschscholzia califórnica, que es una Papaverácea originaria de California, Estados Unidos), la zulia (Lobelia erinus) y la caléndula (Calendula officinalis, de la familia de las Asteráceas y proveniente del Mediterráneo). Estas plantas crecen rápido, florecen, echan su semilla y mueren. Uno tiene que estar pendiente para recoger las semillas y volverlas a plantar, o también puede dejar que las semillas se esparzan solas en el mismo sitio o cerca llevadas por el viento, y entonces vuelve a haber una siguiente vuelta de crecimiento y floración.

Cosmos bipinnatus en un jardín que tuvo Claudia

Hay otra anual muy común, la petunia, que no me gustaba porque hace muchos años tuve una en la oficina y después de una floración muy linda murió. No sabía la razón de su muerte y nunca volví a comprar… solo años después me enteré de esta característica de las plantas. Es, pues, importante, enterarse si la planta nueva que uno compra es perenne o si es anual, ¡saberlo y aceptarlo!

No es fácil dar ejemplos de las bienales porque no son muchas y además la industria se ha encargado de modificar esta característica para volverlas plantas anuales, o la forma en que la tratamos las convierte en anuales (como la espinaca o zanahoria). Pero hay una muy común en potreros de la Sabana, la dedalera (Digitalis purpurea).


En esta foto se ven dos matas anuales que aún no están en plena floración: la cosmos a la izquierda que aún no ha alcanzado su tamaño y el raso, la amarilla del centro. La dedalera, con su flor alta que empieza a abrir, es como dijimos bienal. También hay otras plantas perennes, como, por ejemplo, un iris adelante en la esquina izquierda y una hortensia a la derecha, ambas sin flor. Esta jardinera se puso esplendorosa, pero luego las anuales murieron y no quisieron volver a salir (las semillas industriales generalmente no permiten que una planta tenga una segunda ronda de crecimiento). Hoy siguen solo las perennes pero lo otro ha ido cambiado y tengo sembradas semillas, ¡que espero ansiosa ver germinar!


miércoles, 5 de octubre de 2016

Orquídeas en el Jardín Botánico de Bogotá


La semana pasada se llevó a cabo el evento Orquídeas 2016 ¡Colombia vuelve a florecer! En este se unieron el III Encuentro de Orquídeas del Jardín Botánico de Bogotá (JBB) y la XV Exposición Nacional de Orquídeas de la Asociación Bogotana de Orquideología (ABO). ¡Enhorabuena! ¡Mis felicitaciones a los organizadores!

Aunque no es la primera vez que el JBB y la ABO se unen para realizar la exposición de orquídeas, en los años anteriores lo habían realizado de manera separada y creo que ambas habían perdido con ese triste divorcio. En este nuevo emprendimiento conjunto, cada una aporta sus fortalezas: el JBB, además de su colección propia, ofrece su espacio maravilloso, amplio y muy adecuado para una exposición de este tipo. Además, su capacidad de convocatoria y localización llevan a que la asistencia al evento sea mayor y más diversa. Por otra parte, la ABO convoca a todas las asociaciones regionales y, en esta ocasión, ocho se hicieron presentes, todas con unas colecciones de matas impresionantes, como se ve en las fotos. Las asociaciones aglutinan a los más importantes expertos y coleccionistas del país y así el JBB tenga una colección y una experticia reconocida, es mejor para nosotros los usuarios ver una muestra de las colecciones de muchos colombianos representantes de diversas regiones. Por otra parte, es interesante para nosotros los novatos observar los resultados de la premiación que lleva acabo la ABO y especular sobre el porqué.

El JBB, como telón de fondo, se lució. El Jardín es bello y la semana pasada lucía espléndido y creo que no solo es cuestión de las recientes lluvias. Se veía muy acicalado y bien organizado para la ocasión. Las toldas de la exposición y la oferta de víveres y matas tenían de fondo el lago, el bosque andino, el robledal, el palmetum, la colección de las melastomatáceas y el jardín de plantas exóticas. Estas últimas parecían que hubieran florecido al unísono para la exposición.

Todos los estands tenían orquídeas maravillosas que ofrecer. Obviamente que había algunos mejores que los otros y el premiado, el de la Sociedad Colombiana de Orquideología, era espectacular por sus flores, la armonía del conjunto y su disposición para que los espectadores pudiéramos admirarlo en su totalidad. Aunque algunas plantas se repetían, cada estand tenía plantas específicas de la región. Variedad en especies y, por tanto, tamaños, formas, colores, pero en todos los casos matas bellas y sanas. La exposición fue una fiesta para celebrar la riqueza y diversidad de orquídeas de Colombia.
He asistido a muchos de estos eventos a lo largo de los años y, para mí, ¡este es de lejos el mejor!

El evento no se limitaba a la exposición de orquídeas. Hubo tres eventos paralelos: una programación cultural, una programación académica y el espacio otorgado al evento en la página web del JBB, lleno de información, fotos y videos informativos. Me hubiera encantado ir al evento académico ya que al lado de ponencias de jóvenes biólogos expertos había también un curtido coleccionista.

Adicionalmente estaba la oferta comercial de alimentos y matas. En alimentos había variedad y mucha cosa típica rica. En plantas, me parece que no había la cantidad de años anteriores y extrañé mayor oferta de orquídeas para zona fría. Mucha gente compra de tierras más cálidas para el interior de la casa, pero a mí me gustan para tenerlas a la intemperie en la Sabana y no vi muchos especímenes adecuados.

Como nada es perfecto, cierro con una sugerencia para que en años futuros este evento sea aún mejor (y que enviaré tanto al JBB como a la ABO). 


La señalética brilla por su ausencia… Con ello me refiero a que sería deseable que los visitantes pudiéramos ver los nombres de las orquídeas, tanto comunes como científicos. Como el JBB y las asociaciones tienen esa información (de hecho, uno la ve en algunas matas), lo único que falta es encontrar una forma fácil y barata de ofrecerla.

 Por ejemplo: enumerando de manera visible cada mata y ofreciendo la lista en la página web del JBB y la ABO, o en un cartel dispuesto a un lado del stand. Esto es importante para educarnos a los espectadores… y más aún cuando esos espectadores son niños y jóvenes. 
Es una manera bonita de incitar al conocimiento científico, de picar la curiosidad para que indaguen sobre lo que hay detrás de estos nombres: ¿para qué sirven? ¿Quién los pone? ¿Qué los diferencia unos de otros? Y más allá del simple nombre, preguntarse por las personas coleccionistas, expertos, botánicos que estudian y cuidan esta linda flor.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La importancia del nombre científico de las plantas



Vallea stipularis. Foto tomada de la página web de Kew Gardens
Los jardineros serios, en países donde esta es una afición de vieja data basada en un gran acervo de conocimiento, usan los nombres científicos de sus matas en su vida cotidiana. La razón básica de esta práctica es porque es la única manera de tener un lenguaje común. Para mostrar su importancia voy a poner ejemplos con mis árboles preferidos: el gaque o raque, el cedro y el nogal.
El gaque o raque es el Vallea stipularis de la familia de las Eleocarpáceas. Este arbolito tiene alrededor de quince nombres comunes en Colombia y ocho en Cundinamarca: campano, chaque, chaquén, gaque, manzano, raque, roso, sanjuanito según el Instituto de Ciencias Naturales, de la Universidad Nacional. Ellos tienen la siguiente página muy chévere para consultar:
http://www.biovirtual.unal.edu.co/nombrescomunes/index.php. Por esta falta de claridad, en los viveros uno siempre tiene que dar varios nombres y aclarar: “el de las florecitas rosadas”.
Como si esto fuera poco, cada uno de esos nombres diferentes pueden referirse en Colombia a mi arbolito querido y a otras especies, inclusive de géneros diferentes. Así, hice el ejercicio de mirar con la voz gaque y encontré siete plantas diferentes, seis de las cuales eran especies de una familia diferente (Clusiaceae) a la de la familia del Vallea stipularis.
Otro ejemplo es el del cedro, con lo que me refiero al Cedrela montana, bello árbol que tiene catorce nombres en Colombia. De estos nombres diez empiezan con cedro (me gusta cedro rosado), dos empiezan con monde, otro es munde y, por último, también se llama serrano. Hasta aquí, ¡todo bien! El problema es que al nogal Juglans neotropica (porque hay otro nogal en Colombia), la gente lo llama nogal bogotano o sabanero, pero también cedro grande, cedro negro o ¡cedro nogal! Son árboles distintos, pero hay gente que llama al Cedrela montana, nogal. ¡Vaya enredo! Ambos son árboles fabulosos, que pueden crecer treinta metros y fueron considerados árboles sagrados por los chibchas, pero más allá de esto, ¡no son ni parientes!
Ahora, ni qué decir si pensamos en las traducciones de los nombres a otras lenguas. ¡Ahí sigue el enredo!
Los nombres científicos de las plantas se derivan de la práctica científica de la clasificación, la taxonomía. La clasificación tiene varios niveles, pero para el nombre se usan los últimos dos: género y especie. Los nombres científicos son en latín y se escriben en bastardilla. El nombre del género va en mayúscula y el de la especie va en minúscula. Este normalmente es un adjetivo referente a la planta ¾por ejemplo, el color (aurea, es decir dorado o alba, blanco), la localización (orientale, occidentale, sinense o de China), la forma (multiflora, edulis o comestible)¾ o una palabra en dedicación a una persona. Así, en Cedrela montana, el segundo nombre se refiere a que es un cedro de montaña.
Los nombres pueden traer otras palabras más, referentes a los nombres del o los científicos que la describieron y dieron a conocer al mundo científico, la fecha de su documentación y otra minucia no muy importante para jardineros como nosotros. Asimismo, pueden especificar si son subespecies, variedades, híbridos y cultivares, pero en eso no vale la pena meterse ahora. ¡Será otro día!
No soy experta y la verdad es que he fracasado en mi intento de aprenderme los nombres, ya que con la edad mi memoria que era potente se ha ido volviendo muy perezosa. Recuerdo algunos pocos y es por mis preferencias con ciertas matas o por lo simpático del nombre. Pero me preocupo del tema porque ¡quiero saber de qué estoy hablando! La verdad es que a mí ya no me importa mucho no recordar y lo que hago es buscarle rodeos al problema: ya no le exijo a mi memoria sino a Google, a mis dos libros guía y a la página web de la Nacional.
El otro día fui a conocer un vivero maravilloso llamado Caraipa (https://sites.google.com/site/caraipavivero/), nombre de un género botánico perteneciente a las Clusiaceae. Ya había curioseado la página web donde tienen un catálogo completo, con nombre común y nombre científico, de lo que ofrecen y fue maravilloso poder constatar en mis libros qué era lo que realmente quería y/o necesitaba. Con los nombres científicos no hubo lugar a equivocaciones y aun aquellas especies que no encontré en mis libros, las pude consultar en Google. Al llegar al vivero, fue toda una novedad hablar con los encargados, una pareja campesina muy cordial, usando los nombres en latín… ¿Se imaginan eso en una finca en la carretera a Fusa? ¡Fue una visita inolvidable!
En una próxima entrada me referiré a estos tres árboles bellos que puse de ejemplo.

domingo, 28 de agosto de 2016

Las orquídeas en mi jardín

Mi afición por las orquídeas surgió de una manera inesperada. Me han gustado mucho desde siempre y cuando puedo voy a exposiciones de orquídeas (la Asociación Bogotana de Orquideología, http://www.asoabo.com/, anualmente organiza una muy recomendable). Sus formas y colores tan variados y la sensación que tenía de su fragilidad hacían que me atrajeran mucho, pero siempre pensaba que eran difíciles de cultivar y nunca se me ocurrió tener una en casa.

Un buen día, estando en mi finquita, donde ya para ese entonces tenía claro y en marcha el proyecto de un jardín que no necesitara cuidado, me dije: “¡Orquídeas! Si también hay orquídeas nativas de esta zona, ¿por qué no pensar en orquídeas? Si hay dos que no sé quién sembró y se cuidan solas en los árboles, ¿por qué no sembrar más, por qué no traerles compañía?”
El proyecto arrancó de una manera sencilla. Salí al camino y tomé piecitos de una orquídea que crece en un barranco cercano (una Epidendrum). Es una mata bien establecida y pienso que, aunque uno no debe ir por ahí arrancando matas en los páramos o los bosques, una mata fuerte no sufre si uno toma un pedazo con el fin de propagarla. Por el contrario, siento que estoy ayudando a preservar especies nativas que lentamente pueden ir desapareciendo de los caminos. La tomé mirando bien cómo estaba sembrada y busqué un sitio similar para ponerla: ahí sigue creciendo, ha florecido más de una vez y dos veces ha botado sus semillas al aire.

Compré un librito en la siguiente exposición y empecé a animarme. Ahora ya tengo unas quince orquídeas hospedadas en mi finquita. Llegaron de varias fuentes: compradas en las exposiciones recientes, algunas caras, otras a bajos precios. Un dato interesante: los vendedores esconden detrás de sus carpas las matas que no están florecidas y esas valen mucho menos. Otras fueron regaladas de otras aficionadas o tomadas de los caminos. Son de varios géneros: Stelis, Epidendrum, Restrepia, Maxillaria, Oncidium, Odontoglossum y Masdevallia, pero a la gran mayoría no le sé el nombre completo.

Las orquídeas que tengo son resistentes y creo que se debe a que están en las condiciones que a ellas les gustan: todas son nativas y apropiadas para la altura de las poblaciones de la Sabana de Bogotá. Aguantan el frío de las noches sabaneras, el excesivo calor de algunos días soleados, la poca lluvia o la mucha. Aparte de verificar que el sitio elegido les conviene (no toleran el sol directo, pero les gusta la claridad), no hago nada adicional a mirarlas y “¡echarles flores!” Bueno, a las que estaban acostumbradas a fertilizante, se lo he seguido echando cada seis meses. Unas mejor que otras todas están progresando, algunas aún no han florecido, otras lo han hecho de manera modesta y otras abundantemente. Son plantas muy resistentes, pero es clave escogerlas adecuadas al entorno y seguir las instrucciones para la siembra.


Paralelamente a esta incursión, he tomado cursos (recomiendo otra vez la Asociación Bogotana), he leído algo y conocido gente. Colombia es un país con muchas especies nativas de orquídeas (dicen que tiene el mayor número de especies, pero como no se han estudiado tanto como en Perú y Ecuador, ellos nos ganan) y mucha gente que las estudia y/o colecciona. Estos grandes coleccionistas y expertos han organizado asociaciones en las diferentes regiones de Colombia y algunos abren sus jardines a los visitantes. Hay muchos cursos en o cerca a Bogotá. Me parece una maravilla esta flor de la que podemos encontrar muchos especímenes, información y gente experta alrededor nuestro. Sin embargo, soy y seguiré siendo una novata: no quiero volverme una experta coleccionista porque me interesan las matas y los árboles y quiero saber un poco de todos, y no dedicarle toda mi energía a esta familia, ¡así sea extraordinaria! 

domingo, 14 de agosto de 2016

¡No solo de matas vive un jardín!

El jardín es un conjunto de seres vivos, parte de los cuales los organizamos los jardineros. Digo parte de los cuales, porque los seres humanos armamos el jardín con base en plantas y otros elementos, como caminos, cercas, adornos, agua y sus variantes en forma de fuentes, estanques, humedales, pero el jardín lo pueblan una multitud de seres que a veces nos pasan inadvertidos y que son esenciales para su desarrollo balanceado. Esos seres llegan o están en el lugar (en su lugar…) y básicamente no dependen de nosotros, aunque podemos crearles un entorno placentero o amargarles la vida con nuestras acciones.
El jardín puede ser hogar de pájaros, ranas, pequeñas culebras y mamíferos (en mi zona hay faras, ratoncitos campestres, conejos y ratas), moluscos (como babosas y caracoles), arañas, ciempiés, gusanos, libélulas, lombrices e insectos de todo tipo (hormigas, abejas y abejorros, chizas y cucarrones, mariposas, avispas, mariquitas, moscas, tijeretas y grillos para nombrar unos bien conocidos). Además, hay un sinnúmero de seres que no apreciamos –hongos, algas y líquenes- o que ni siquiera vemos, que son los microorganismos que hacen parte de la tierra en la que cultivamos.



Algunos jardineros se esfuerzan por combatir a todos aquellos a los que consideran plagas, y con ello atentan contra otros seres vivientes en su jardín. El problema existe cuando se ha generado un desbalance en la cantidad y diversidad de los animales que deben poblar un espacio determinado. Por ejemplo, si no hay suficiente pájaros o ranas van a sobrar insectos. Ahora bien, si no hay suficientes insectos y aves no va a haber polinización. La naturaleza es tan maravillosa que hay animales que se han especializado en plantas específicas y no sabemos qué efectos puede tener sobre la población total la disrupción de estos procesos naturales.

No puedo decir que fuera consciente de esto al iniciar mi jardín. Cuando era chiquita, en el jardín de mi abuelita había animales bien recibidos y otros que no lo eran. A ella le encantaban los pájaros y creo que debo mi fascinación con ellos fue uno de sus legados, pero los sapos y las ranas no eran bienvenidos y ahora me pregunto por qué, ya que se comen muchos insectos. Por fortuna, en la finca si podíamos curiosearlos y molestarlos a nuestro antojo. No era, entonces, consciente de lo importante que es tener en cuenta a los animales cuando uno toma decisiones para el jardín y solo al empezar a observar cómo el jardín cada vez atraía más pájaros y abejas, empecé a pensar en los animales como una parte esencial de este. Lentamente empecé a tomar decisiones que los tuvieran en cuenta y ya no solo me leí un maravilloso libro, sino que he coqueteado con la idea de tomar un curso por internet.

A continuación, enumero algunas acciones que uno puede tomar para ayudarlos:

1. Ser muy cuidadoso con el uso de plaguicidas y fungicidas. Yo los uso muy poco, solo en caso de desesperación, porque hay soluciones naturales para muchos males del jardín.

2. Abonar la tierra con compost elaborado con basura orgánica, con humus de lombrices o usar abonos orgánicos de manera que siempre estemos ayudándole a la tierra a conservar su riqueza viviente.

3. Sembrar plantas con abundante floración, lo que atrae a abejas, mariposas y pájaros. Claro está que las diferentes especies se interesan por plantas específicas y uno tiene que ir viendo qué le gusta a cada quien. Arbustos que le encantan a las abejas y aves como los colibríes de pico largo son, por ejemplo, los abutilones (malváceas) y las mermeladas (streptosolen jamesonii de las solanáceas).

4. Hacer uno o varios setos porque allí pueden anidar con facilidad ciertas especies de aves. Un seto no tiene que ser del mismo tipo de árbol o arbusto, uno pueda mezclarlos y esa diversidad es bienvenida.

5. Poner troncos, ya sea en huecos o armando muros con ellos, para que se descompongan y sirvan de morada a gran cantidad de insectos y otros animalitos. Mis perras actuales son necias y a veces hacen huecos grandes en el césped. Lo que antes era una molestia, ¡ahora es una oportunidad de crear más casas para insectos ya que los tapo con troncos!

6. Construir un estanque o un humedal porque el agua no solo atrae gran variedad de vida animal, sino que es propicia para flora nativa que crece cerca de ríos o quebradas.













domingo, 31 de julio de 2016

Mi jardín

Mi jardín, como todos los jardines creo, es un proyecto en evolución. Con el paso del tiempo y mis experiencias –muchos fracasos, pero también uno que otro acierto– no solo ha habido muchos cambios en el jardín, sino en mi concepción sobre él y en mi relación con la naturaleza. Al arrancar el proyecto, con la compra de 2000 ms2 de tierra en las afueras de un pueblo de la Sabana, quería tener un terreno con árboles y arbustos, un lindo jardín con muchas plantas ornamentales y una huerta muy completa, ambos orgánicos. Trato de ser verde y llegué armada de principios ecológicos, pero no sabía las implicaciones de mis creencias.

Pronto me enfrenté al primer dilema: ¡regar o no regar! Podía pagar para que mis vecinos me regaran las matas, pero ellos no necesariamente estaban disponibles a mi antojo. Pero ¿cuál era y es el problema? Mi lote no tiene agua propia y el acueducto de mi vereda no tiene, como ningún otro, una fuente inagotable de agua y nos solicitan a sus dueños-usuarios cuidarla mucho. En tiempos de poca lluvia o sequía hay multas por uso inapropiado. La prioridad son los seres humanos, seguida de los animales y los sembrados. Mis cavilaciones duraron poco porque no había un dilema: los principios de conservación eran más importantes que mis sueños de tener muchas flores. Sé que hay vecinos que riegan y tienen jardines muy lindos, pero mi decisión al cabo de pocos meses, entonces, fue hacer un jardín ornamental que no necesitara riego. ¡Ya se imaginarán los resultados! ¡Ha sido bien difícil! ¿Cuáles son esas plantas que no necesitan agua? A lo largo de estos años, muchas plantas ornamentales se han muerto y algunas solo reaparecen cuando llueve suficiente. Hay épocas del año en que la huerta no produce casi nada.
Sin embargo, todo este proceso me ha llevado a unos aprendizajes en temas de los que hablaré en detalle en entradas siguientes. Aquí los enumeraré:

1.  Características del terreno. Uno debe estudiar su tierra con mucho cuidado antes de tomar decisiones sobre dónde ubicar no solo la casa, sino muy especialmente las plantas, la huerta, el jardín… Y estudiar el terreno significa entender la posición del sol y su efecto, en dónde hay más humedad y cómo se manejará el agua. En este aspecto cometí varios errores y algunos de esos no se pueden echar para atrás…
2.  La tierra. Esta es un mundo complejo lleno de organismos y uno tiene que saberla tratar para no acabar con su vida. Abonos orgánicos, el compostaje y el humus producido por lombrices son asuntos sobre los que uno tiene que aprender.
3.  Conocimiento de las plantas. Esto que parecería obvio, significaba para mí solo unas instrucciones básicas de vivero: no le eche mucha agua, póngala a la sombra o al sol, o riéguela cada dos días. Ni siquiera sabía, hace catorce años, que hay plantas anuales y perennes. He ido aprendiendo lentamente sobre algunas plantas, sus hábitos y gustos. Eso me llevó a las plantas resistentes… resistentes a los suelos pobres, a la falta de agua, a la falta del cuidado de una mano amiga.
4.  Las plantas nativas. Es fácil comprar árboles y arbustos nativos, pero ¿dónde consigue uno matas nativas para jardín? En la foto de hoy muestro una orquídea Stelis, que encontramos tirada en el camino a la casa porque un camión la había arrancado de su sitio. Como ven, está feliz en mi casa y después de la última floración se llenó de semillas.

Stelis sp 

5.  El agua y su uso adecuado. No solo de la que viene del acueducto sino del agua lluvia y el agua que uno desecha como, por ejemplo, las aguas grises, buena fuente para el riego de un jardín ornamental. ¡Lástima no haber sabido lo que sé ahora cuando empecé este proyecto!

Ahora conozco mucho mejor mi terreno y no doy nada por sentado. Pero, aún mejor, ya no espero mucho de mi tierra en el sentido de que ella se sujete a mis expectativas irreales sacadas de revistas o visitas a jardines con uso intensivo de agua y mano de obra. Cada vez quiero más mi terreno, quiero conocerlo mejor y saber dónde sembrar las cosas apropiadas. Mi jardín me satisface mucho: hemos sembrado unos cuantos árboles y muchos arbustos, y es maravilloso verlos superar las largas temporadas secas sin problemas. Más maravillo aún es ver súbitas floraciones (por ejemplo, de los gaques o Vallea stipularis, mi arbolito preferido) después de unas pocas lloviznas aisladas. Mis plantas ornamentales no son las que aspiraba inicialmente, ni tantas como me lo imaginaba. Su desarrollo es bastante desigual: las diferentes matas tienen sus ritmos propios. En la última sequía había una jardinera rebosante y una al lado casi muerta. Había muchas matas que estaban muy mal, pero es mejor no tocarlas mucho en tiempos tan exigentes para ellas. Ya entendí que todo tiene cabida y aunque mi jardín es un conjunto bastante irregular, he aprendido a apreciar cada mata por lo que es. La huerta es orgánica y nos da en abundancia, pero no de manera pareja. No es tan ordenada ni tan bonita y aún tengo mucho que quisiera sembrar y mucho por aprender.

Ya los fracasos no me desaniman ni me preocupan. Así es la vida del campo y hay mucho que no está en manos de uno. El orden ya no es tan esencial y cada día me alejo de los extremos. Por otro lado, día a día surgen nuevos proyectos que me estimulan y llenan de ilusión. Los dos principales ahora son: la recreación de un bosque nativo y la construcción de un estanque o humedal.
Entonces, a lo largo de los siguientes meses, iré entrando en detalle en cada uno de los temas que hoy solo enumeré.